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71-Hoy borré mi imagen reflejada en el espejo

por FerJCano

Este texto data del 2015 en un momento de mucha agitación y ausencia de la Negra.

Hoy borré mi rostro del espejo donde me veía reflejado.

Es un acto simbólico, lo sé. Fue por la tarde cuando me disponía a limpiar el cristal por primera vez desde que llegué a mi casa. Encontré mi cara en un giro de la mano, esponja y espuma sobre de él y no me gustó lo que vi; hice conciencia de alguien que ya no existe, que no le pertenece el lugar ni la frecuencia que transita. Volteé hacia el frente, quise deshacerme de esa imagen antigua; di la vuelta a la mano que me pertenece en otra dimensión, y lo hice; era el pasado y ahora me merezco este presente que, ¡cómo lo estoy disfrutando!

No quise seguir con esa misma fisonomía, ni costumbres ni recuerdos; ni siquiera lo mucho que te amé pretendía dejar asomándose por los rincones. Este simple acto de desdibujarme es la muestra de mi convencimiento total por realizar la permuta, transformarme, porque bien lo sabemos, un evento de esa naturaleza es para mejorar en todos sentidos.

Borrar mi cara también significa un cambio de actitud frente a la vida y todo lo que había sido parte importante hasta ese sábado, donde todo revolucionó. Me dedico más tiempo a mi persona, por dentro y por fuera. Busco la salud en lo que como, atiendo a mi cuerpo generosamente, cultivo mi mente también. Los detalles pendientes de mi casa son cada día menos, solo faltan algunos cuadros que terminarán por darle identidad a la casa. Medito y procuro fijar mi atención plena en lo que hago. Estudio las materias que impartiré en el ciclo de agosto y adapto las versiones para el otro auditorio que lo presenciará; diplomados de verano, cursos humanistas que refuercen aunque sea en lo mínimo, esa virtuosa cualidad de ser humano, que aún se esmera por ser un técnico donde sobra serlo.

Muchas responsabilidades he traído a cuestas desde que nací, en exceso, ya sea por haber sido el primogénito de ambas familias, nacido de un intempestivo acto de amor o por la premura de mi alumbramiento; qué compromiso. Ser el primero y el mejor en todo, el más brillante, el más valiente, el más osado, el más guapo, el más sano; el mejor jinete y el mejor hermano; exigencias monumentales que me han rodeado en toda la existencia y las cuales en ningún momento he podido cumplir. No es que no haya luchado por lograrlo, es el peso de tanta expectativa depositada sobre una sola persona lo que me lo ha impedido.

Distingo lo prioritario de lo banal, es lo que yo estoy haciendo ya con el resto de mi vida. Me alcanzará la existencia para cubrir mis propias expectativas, es el reto que me confronta, pero que paradójicamente, me alienta a seguir de frente.

Mucho de lo que he reflexionado tiene que ver con la carta astral que me hizo Jorge E., antier y ayer de nuevo tuve la oportunidad de escucharlo, por primera vez, desde que me la realizara, hace casi dos años ya. Pero es tan actual como verídico en todas sus aseveraciones; unas afirmaciones y descubrimientos acerca de mi persona que me impactaron, tal cual, me dejaron atónito por no haber escuchado cuando tuve la oportunidad de hacerlo. Debí aceptar escucharlo contigo cuando me lo sugeriste. Sin embargo todo es rescatable comenzando por el momento en el cual se dan las cosas y no diez minutos antes, o tres días después. Hablo de los planes maestros en los cuales todos estamos inscritos como engranes de una relojería exacta.

Ni la misión de vida que para cada uno es en dado caso, cumplir con las exigencias del mercado o de la familia o de la pareja, ni las cosas funcionan así en la realidad tampoco. Esa misión, la llevamos a cabo todos, bien o mal. Golpeados por una cantidad de mensajes masivos, especializados, que nos divierten, que guían nuestros instintos de consumo y desvían nuestra atención del objetivo principal, nos envuelven; nos seducen y conducen nuestros pasos; es la bruma de la que habla Miguel Ruiz, esa niebla que es tan densa que no podemos ver que el otro es un reflejo de nosotros mismos. No vemos que el prójimo es igual a mí; ahora sé que la misión es: resolver mi mundo, ser feliz donde quiera que estemos.

No vale nada arrepentirme de absolutamente ninguna cosa que yo haya hecho. Así no funciona la vida misma, nada es bueno ni es malo; la actitud y el entorno que me rodeaba era y fue durante muchos años el mismo y por esa razón, el cambio era imposible desde afuera tratando de extraerlo o extinguirlo. Pero ahora mi situación es diferente. Mi consigna es no dejar de amar, a quien esté a mi lado y quien desee compartir conmigo la espléndida línea tangencial hiperbólica que es esa, la vida misma. Veo la misión frente a mi, que es buscar y difundir una nueva visión de la verdad.

Veo signos que sencillamente están ahí por algo. Símbolos que nos marcan, que nos distinguen sobre todos los demás, huellas de la vida como arrugas del cuerpo; eso experimento a cada día desde que borré mi rostro esa tarde, lo único que queda es el aroma de tu amor flotando en el aire más fuerte que la vida misma, que cualquier decisión de transformarse en otro ser. Quiero compartirlo contigo porque sé que me entenderás en cualquier momento que lo leas y que solo tú puedes acortar esa vigilia.

 

Fotografía de la Hacienda San Antonio el Puente ©

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