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36.- El Cisne Negro

por FerJCano

“Lee con atención y escucha con el corazón”.

Fernandojcano

Aquí vendría una fotografía tuya, totalmente liberada de tensiones y presiones. Relajada, confiada, amada, en armonía con la naturaleza según mi percepción. Probablemente la que mejor te describía en esos momentos; diez años han pasado.

He querido escribirte ya por algún tiempo. No sé bien la razón o no quiero saberla.

Hace unos tres días me recomendaron un sitio en la Red que te permite ver películas y series de televisión gratis. Tiene de todo, desde las series que tú ves y las que alguna vez vimos juntos, hasta las películas con premios internacionales. Me causó una grata sensación poder ver la película de El Cisne Negro por varias razones. Tiene muchas interpretaciones el emblema del cisne negro, como sería el “lado oscuro” de una persona o tratar de exhibir algo que a pesar de que te conocen, no quieres mostrar, ocultar parte de tu personalidad o estirarte lo más posible en busca de la perfección, de acuerdo a tus propias reglas y con la flexibilidad que tú misma le quieras dar, por supuesto.

Antes de comenzar a discernir o argumentar la razón de por qué siento necesidad de escribirte debo de recordarte que nunca, a pesar de que así lo hayas visto algunas veces, he tenido la intensión de molestar, acosar, perjudicarte, angustiar, desesperarte; para mi corazón (pobre roto corazón) la señora Ge tiene “por los siglos de los siglos”, un especialísimo lugar. Espero que ya lo sepas.

Porque finalmente, “todo es percepción” y como alguna vez te envié un mensaje en donde te mencionaba que me “vale sombrilla” si tú crees que las cosas pasan y que ya fueron; como el amor que sentimos y que ya no existe, evidentemente no puedes hablar por nadie más que por ti.

Yo veo a ese “cisne negro” que traes de fachada demostrando dureza, sequedad, contundencia en tus palabras (reconozco que así como a mí se me da escribir, a ti se te da el hablar, eres muy elocuente con ellas); actúas de acuerdo a reglas específicas como los cuatro acuerdos, quedando siempre dentro de los límites de la buena educación, cordialidad, amabilidad,  tratando de ser feliz, ese me parece sería tu principal objetivo. Estoy hablando de percepción, solamente.  Además, esto no es un análisis de conciencia ni soy el especialista en la materia, eso mejor te lo dejaría a ti, que estudiaste algo de psicología y que te gusta ejercerla cada vez que se presenta la oportunidad.

¿Sabes qué es lo que más extraño? Puede sonar raro, pero es tu olor; me tiene apresado, mentalmente. Cierro los ojos y percibo tu aroma en la piel. Recorro mentalmente tu frente, ni siquiera es una zona erógena o entre tus piernas. Es tu frente. Esto me hace volver a ti inevitablemente.

Todo esto que he escrito me sirve para pedirte consejo; te admiro por hacer del pasado algo lejano y pretender que no importa más es una actitud que aún no domino. Me gustaría saber cómo le haces, en qué piensas o de qué te ayudas, para que yo pueda eliminarte de mis pensamientos, de mi sentir; deseo de todo corazón que salgas, pero al mismo tiempo me resisto. No tiene nada que ver con tu familia ni tus problemas, ya que pudimos amarnos sin aparentes conflictos con todo y todos. Reconozco que tu hijo requiere mucho más tu atención ahora que antes de casarse, no lo quieres ver tambalearse como nos sucedió a ti y a mí y creo por un lado que eso es bueno, pero por el otro, no estoy convencido de que sea lo mejor; claro, eso opinamos los que estamos del otro lado, percepción de nuevo. De lo de tu padre, supongo que ya estás nombrada como albacea, después de todos los vericuetos que tuviste que sortear, eres la única que puede controlar los destinos de esos fondos; tampoco creo que sea motivo de interferencia pero repito que todo es percepción.

¿Me puedes ayudar?

Solo quiero agregar, si te interesa saberlo, que el comentario de… “suerte!” … que me dijiste el día que me internaron de emergencia para la operación del apéndice fue sin duda una estocada mortal. Totalmente superficial, sin ningún sentimiento de por medio, me sentí el hombre más miserable y abandonado de la tierra. Fue hasta que estuve en recuperación que pude ver las dos velas que me prendiste cuando estaba en el hospital, no supe de qué se trataba en el momento de recibir el mensaje.

Después de haberlo dado todo con amor, de tenerte en un lugar especialísimo, fue devastador. Por eso pienso que actúas como un cisne negro, demuestras dureza por fuera porque así lo requieres en tu entorno, nada de sentimentalismos ni de debilidades, eso no es para ti en estos momentos.

¿Cómo le haces?

 

 

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